Sunday, December 17, 2006

XVIII

¿Y si no es cierta esta palabra o esta mano,
la sombra de esta sombra, el redentor estrellado desde los fulcros del olivo, la astilla negra que empaña los vidrios calcinados por la humedad candente de lo desconocido e inventado, las figuras, las formas , las praderas, las estructuras que juegan a ser día y a ser noche, nuestras huellas, nuestros sueños cubiertos por sucesivos arcos repetidos hasta el infinito, volúmenes, amplitudes vacías donde vórtices famélicos comen azucenas etéreas en los jardines de la incertidumbre y luego las devoran y las desaparecen en polvo, colisión, polvareda, mareas, tormentas de tamos que se repiten una y otra vez, una y otra vez, sin ninguna fórmula precisa, sólo siendo polvo, huesos, universos rotos por las calles anamorfas de una y trillones de ciudades sin nombre, lagos llenos de máquinas usadas y olvidadas hasta por el olvido, parábolas de una vagabunda azul en la vereda de una guardería estelar mendigando pan para sus estrellas, el hambre del azogue, del silencio columpiándose a orillas de la paciencia amenazando con tirarse al vacío, ciruelas que caen de un seudónimo, de las lágrimas que nadie quiere pronunciar, de un árbol de donde cuelgan copos de luz, fotografías y espejos rotos, la soledad que nos mira como un animal que no necesita más de nosotros y de su sangre consagrada a la fiesta de las flautas y de los chacales, y si tan solo somos tinta que alguien derramó?

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