De lámparas que se apagarán pronto,
entre duraznos grisáceos y ríos que el tráfico acomoda,
cuelgan las plegarias de los excomulgados.
Los nuevos bebederos de la sangre colman las rutas de los príncipes.
La inocencia es un arma a la que han llamado una diadema de pájaros.
También somos condenados y nos menospreciamos uno al otro jugando al eterno juego de los ángeles sin rostro. El amor ya no sirve como excusa para combatir el chirrido del asbalto.
Monday, December 18, 2006
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