Monday, December 18, 2006

XVII

De lámparas que se apagarán pronto,
entre duraznos grisáceos y ríos que el tráfico acomoda,
cuelgan las plegarias de los excomulgados.
Los nuevos bebederos de la sangre colman las rutas de los príncipes.
La inocencia es un arma a la que han llamado una diadema de pájaros.
También somos condenados y nos menospreciamos uno al otro jugando al eterno juego de los ángeles sin rostro. El amor ya no sirve como excusa para combatir el chirrido del asbalto.

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