Con la lentitud de una pluma,
los nimbos se entretienen tocando los dedos del viento.
Medianoche en la hierba digital.
Las aves duermen. Las ilusiones también.
Sólo algún coche salido de la nada
corre por las calles ebrias de soledumbre.
En los arces, el insomnio se prolonga esbelto y bello
sin preocupaciones de intelecto porque la luna mordida
se devora a sí misma desde su muerte.
El viento le pide al universo una lluvia de estrellas fugaces
pero la noche no quiere llorar.
En la nieve toco las preguntas de la hojarasca
y en su vientre encuentro las respuestas del polvo.
Mis cabellos sucios quieren subir por los caminos de la sombra,
y las palabras se enredan en mis hombros.
No, mis manos ya no son necesarias para hablar con los espectros,
las rosas de mis bolsillos les han hipnotizado con su perfume.
La oscuridad es un dialecto con el que se comunican amantes entrópicos que buscan un refugio cósmico entre la hierba.
Esta noche las nubes no quieren cantar,
tienen la garganta enferma y los ángeles del deseo
se embarcan en un taxi que los lleve
hacía el movimiento eterno,
hacia lo desconocido.
Thursday, December 14, 2006
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