Los ojos del tiempo abren el vino que sangra de las rocas
y mi boca fotografía los sabores de la memoria.
El tiempo es un vendedor ambulante en la misma esquina de siempre,
trasnochado y con ojeras rotas hasta los tobillos.
Amanece o anochece en los jardines colgantes del insomnio.
Hay un silencio fósil mordiendo las paredes,
una mano que ulula desde nunca y desde siempre,
la misma balada descuartizada,
cantaros resquebrajados por la luz de la luna,
ratones que esgriman por el techo,
un piano y un saxofón que fermentan las aristas gastadas
del crepúsculo muerto.
Thursday, January 11, 2007
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